La pantalla no es la necesidad, es el parche
- hace 5 horas
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Cuando un niño insiste en más tiempo digital, puede parecer un problema de disciplina o de autocontrol. Pero muchas veces es algo más profundo. Detengámonos un momento.
¿Qué obtiene un niño cuando se conecta?
Obtiene estímulo inmediato. Se siente competente. Se entretiene sin esfuerzo.Se evade si está triste o aburrido. Se conecta con otros. Recibe atención.
En otras palabras: satisface necesidades emocionales reales.
El problema es que lo hace de forma rápida… y superficial. Como un snack cuando en realidad necesita una comida.
Lo que realmente pueden estar pidiendo
Detrás del “¿puedo jugar un rato más?” puede haber:
necesidad de conexión (tiempo contigo)
necesidad de pertenencia
necesidad de autonomía
necesidad de descanso mental
necesidad de movimiento o juego libre
o, simplemente, aburrimiento creativo
Y el aburrimiento, aunque nos incomode, es muchas veces la puerta a la imaginación.
Pero si cada hueco lo llenamos con una pantalla, esa puerta nunca se abre.
Cambiar la pregunta
En lugar de preguntarnos:
👉 «¿Cómo reduzco el tiempo de pantalla?»
Podemos probar con:
👉 «¿Qué está buscando mi hijo cuando pide la pantalla?»
Este pequeño giro nos saca del rol de policía tecnológico y nos coloca en el de acompañantes.
No se trata solo de prohibir.Se trata de ofrecer algo mejor.
Alternativas que sí nutren
No hacen falta planes extraordinarios ni manualidades perfectas de Pinterest.
A veces lo que más impacta es lo más sencillo:
cocinar juntos
salir a caminar sin prisas
juegos de mesa
construir algo con las manos
leer en voz alta
ratos de juego libre
dejar espacios de “no hacer nada”
conversaciones reales (aunque duren cinco minutos)
Pequeños momentos repetidos cada día.
Momentos que dicen: estoy contigo.
Cuando la vida cotidiana está llena de conexión y presencia, la atracción por las pantallas disminuye de forma natural. No por obligación, sino porque la vida real resulta más interesante.
No es guerra contra la tecnología
La tecnología no es el enemigo.
Pero tampoco puede ser la niñera, el calmante o el sustituto del vínculo.
Quizá la clave no sea criar niños que “usen menos pantallas”, sino niños que no las necesiten tanto.
Y eso empieza por algo muy simple —y muy difícil a la vez—:
estar presentes.
Porque, al final, lo que más recuerdan los niños no es la app que usaron.Es quién estaba a su lado.
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